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El orden de los apellidos

La legislación actual permite que ambos progenitores se pongan de acuerdo sobre el orden de los apellidos de sus hijos. El Código Civil establece que el padre y la madre de común acuerdo podrán decidir el orden de transmisión de su respectivo primer apellido, antes de la inscripción registral. Sin embargo, mantiene como preferente el uso del primer apellido paterno cuando no existe tal acuerdo ya que, a continuación, indica que si no se ejercita esta opción, regirá lo dispuesto en la ley. Una regulación de marcado corte sexista que hace predominar la filiación del hombre sobre la de la mujer, un claro derecho de veto: es suficiente con que el padre no esté de acuerdo para que el hijo lleve su primer apellido.

En otro supuesto bien distinto, aquel en el que el menor ha sido registrado solo con los apellidos de la madre y, posteriormente, el padre reclama la paternidad, es habitual que una de las discusiones sea también el orden de los apellidos. Uno de los criterios que se ha venido utilizando es el del uso social, escolar y familiar que del primer apellido ha tenido el hijo. Sin embargo, la reciente Sentencia del Tribunal Supremo de 10 de noviembre del 2016 nos recuerda que debe aplicarse el principio del interés superior del menor. La Sentencia establece que Lo relevante no es el deseo del padre desde que tuvo lugar el nacimiento, por noble que fuese, sino cual será el interés protegible del menor al día de hoy respecto al cambio del orden de los apellidos con el que consta inscrito. Así mismo resuelve que en estos supuestos no es tanto si existe perjuicio para el menor por el cambio de apellidos como si, partiendo del que tiene como primero, le sería beneficioso el cambio. Es decir, si el mantenimiento del primer apellido no perjudica al menor, no debe modificarse, y así lo acuerda el Tribunal Supremo en su Sentencia.


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